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| Foto: Shutterstock.com |
Los antiguos escribanos perdieron el
poder que antes tenían y las formas de producción cambiaron. Si bien es cierto
que muchas de las cualidades artesanales y artísticas de los viejos manuscritos
cayeron en desuso, lo cierto es que, al adaptarse, la sociedad dio un paso
decisivo hacia la evolución.
Hoy en día, la globalización,
movimiento esencialmente democratizador, está cambiando los paradigmas sociales
y creando nuevos. Al dar a los usuarios lo que podría calificarse como un don
de ubicuidad, Internet ha provocado que las barreras sociales, económicas,
culturales y políticas se difuminen, logrando con ello acercar el conocimiento
a muchos más seres humanos.
El mercado editorial no podía
quedarse atrás. De hecho, Internet es un medio cuyo diálogo se basa en la
comunicación escrita y audiovisual, por lo que lo más natural es que el medio
gráfico por excelencia, el libro, tuviera un impacto definitivo con su llegada.
En 1971, haciendo honor a lo que
hemos mencionado, se dieron los primeros pasos para lograr lo que hoy conocemos
como “libro digital”. Michael Hart, al frente del proyecto Gutemberg, puso en
línea, de manera gratuita, una biblioteca digital cuyo acervo resguarda obras
clásicas de todos los tiempos no sujetas a derechos de autor. Diez años después
nació el primer libro electrónico comercializable: el Random House’s
Electronic Dictionary, editado por la casa del mismo nombre. Se dice que la
verdadera expansión del libro digital llegó con el lanzamiento de la novela Riding
the Bullet, de Stephen King, que en tan sólo 48 horas vendió 500 mil
copias.
Si bien es cierto que el
conocimiento está más cerca que nunca de todos nosotros, también lo es que la
cantidad de información parece tan abrumadora que crea problemáticas nuevas,
como la capacidad del usuario para diferenciar aquella información que
realmente le beneficia de la que no. Pero, ¿qué pasa con el mercado de los
libros electrónicos?
El libre acceso a Internet y los
retos de la comercialización de libros electrónicos
Una vez descrito a grandes rasgos el
panorama actual de la globalización y el libro electrónico gracias a Internet,
no es errado hablar de similitudes en cuanto a éste y el surgimiento de la imprenta.
Al igual que diversos nichos sociales rechazaron a la imprenta como medio para
la producción editorial, principalmente por haber dejado a un lado la
manufactura artesanal de los manuscritos, hoy en día ciertos grupos sociales
rechazan los libros electrónicos basados más en prejuicios emocionales que en
razones prácticas.
Sin embargo, también es cierto que
para que más personas puedan acceder al mercado electrónico de libros es
necesaria una nueva forma de alfabetización: la educación electrónica, a la par
del acceso general a dispositivos para su uso, como computadoras o tabletas
electrónicas. Cabe preguntarse entonces: ¿Está propiciando el libro electrónico
la alfabetización electrónica?
Para poder entender y enfrentar el
fenómeno actual de desarrollo del mercado electrónico es necesario asumir que
Internet es esencialmente democrático, lo cual es posible constatar gracias a
las reacciones ante fenómenos como el ACTA o SOPA, cuya finalidad es regular la distribución de contenidos en internet y
que han sucitado severas críticas por parte de la población mundial.
Especialistas señalan que actualmente
el mercado electrónico de libros se enfrenta al mismo problema que el musical:
con el libre acceso y las características tecnológicas de descarga y
reproducción de música, el negocio parece no tener muchas oportunidades. Ante
ello, el principal reto parece ser el mismo: cómo conjugar el libre acceso con
el respeto a los derechos de autores y casas editoriales.
Todo parece indicar que un factor
clave en el crecimiento de este mercado está en el desarrollo conjunto del e-book
con dispositivos y plataformas para la lectura: llámense dispositivos móviles
(Sony Reader, iRex, iPad, Kindle, iLiad), y nuevos programas electrónicos
(Adobe Acrobat Reader, Microsoft Reader, entre otros).
El reto, sin embargo, no es tan
sencillo. A la par de la creación de dispositivos, la educación y acceso a
medios electrónicos y la libertad y democratización, es necesario promover una
cultura que respete los derechos de autores y casas editoriales y que revalúe
el trabajo del editor en una época en la que la constante comienza a ser la
autopublicación y autopromoción (blogs, y redes sociales, por mencionar
algunos ejemplos).
Derechos de autor y protección a la obra electrónica
Organizaciones como Amazon y Google Books han sido pioneras en el
desarrollo del mercado, poniendo al alcance de muchos los libros electrónicos y
dando pie al surgimiento de nuevos usos sociales y retos. Al mismo tiempo han
enfrentado problemas que tienen que ver principalmente con la legalidad en la
distribución y comercialización. Su ejemplo nos ha permitido percatarnos de que
no sólo se trata de romper viejas costumbres y prejuicios, sino de hacerlo
conforme a derecho y sin violar las garantías de consumidores y productores,
tal es el caso del escándalo Amazon relacionado con las obras de George Orwell,
y el de Google Books y su proyecto de digitalización universal, que fue ampliamente
rechazado debido a que no era respetuoso con los derechos de propiedad de editoriales
de todo el mundo.
Por ello, es posible constatar que
otro factor fundamental para el desarrollo de la industria editorial en medios
electrónicos está en el trabajo conjunto entre diversos sectores; trabajo que
debe garantizar el acceso (económico, físico y cognitivo) a las obras por parte
de los lectores, su mantenimiento, la diversidad de contenidos y la promoción
al respeto por las obras escritas y los derechos de quienes las han creado.
A fin de garantizar el acceso a la investigación,
el conocimiento y la cultura y a la vez proteger los derechos de quienes originan las obras, se han creado mecanismos para su protección que pretenden ir en
sintonía con la esencia y el potencial de la Internet. Dichos mecanismos buscan
dotar de seguridad a las obras al mismo tiempo que pretenden garantizar el
libre uso y acceso a éstas, como Creative Commons, que provee de
infraestructura consistente en una serie de licencias y herramientas que pretenden crear un balance entre los derechos tradicionales (Copyright) y el uso libre de los
contenidos.
De igual manera, se han creado
fundaciones como Copyleft, que tienen por fin potenciar, afianzar, organizar,
incentivar, dirigir, realizar, proteger y defender la producción electrónica.
En un esquema cerrado de negocio,
iniciativas como la anterior (tomando en cuenta todos sus alcances y
limitantes), pueden resultar poco favorecedoras. Sin embargo, incentivan al
mismo tiempo la creatividad, dando pie a nuevas formas de comercialización
mucho más complejas y quizá más benéficas.
¿Cómo ha acogido el lector y el mercado de habla hispana el libro
electrónico?
El 28 de febrero de 2008, Ana María
Carbanellas, presidenta de la Unión Internacional de Editores declaró que la
edición de e-books en Latinoamérica no estaba siendo impulsada por los
editores ni por los gigantes de la fabricación de hardware y software
como Google.
De acuerdo con las estadísticas, el
consumo de libros electrónicos en español ha crecido 220% en 2010. A pesar de
ello, los especialistas declaran que persiste la falta de contenidos en español
y que el libro electrónico representa apenas 1% del negocio.
Ese mismo año, los grandes editores
españoles echaron a andar Libranda, el mayor distribuidor de e-books en
castellano. Partieron con dos mil títulos, principalmente, de los tres grandes
sellos socios del plan: Santillana, Random House Mondadori (RHM) y Planeta. Hoy
tienen disponibles cuatro mil títulos.
En un inicio, la mayoría de los
libros electrónicos que se comercializaron en el mercado español fueron
técnicos. A medida que la popularidad de este tipo de publicaciones comenzó a
crecer mundialmente, las editoriales
españolas, como Planeta, comenzaron a formar alianzas con productores de
dispositivos electrónicos y software. Además, instituciones como la
Universidad de Barcelona, buscando sistemas para publicar material docente y
siguiendo el ejemplo de otras instituciones como el Masachusts Institute of
Technology, formaron proyectos como CC España.
Paulatinamente, comenzaron a
diversificarse los lectores en tinta electrónica y a ampliarse el catálogo de bestsellers
en ese formato. Actualmente se calcula que 75% de los sellos españoles está realizando acciones de
digitalización y se sabe que los e-readers tienen más aceptación entre
los lectores que los tablets.
De acuerdo con el Ministerio de
Cultura, a través del Observatorio de Lectura y el Libro, en 2010 las ventas de
e-books se incrementaron 45.6% con respecto a 2009. Se cree que una de
cada cuatro editoriales podría estar comercializando en versión digital más de
la mitad de su catálogo.
En nuestro país, la lectura de
libros electrónicos es incipiente, Editorial Norma vendió apenas 123 e-books en 2009. De acuerdo con
especialistas, la venta de libros electrónicos es apenas un “segmento de nicho”
(grupo con una definición más estrecha), debido principalmente al escaso poder
adquisitivo para acceder a los dispositivos y la falta de interés por la
lectura entre la población.
Las editoriales mexicanas aún
sienten desconfianza hacia el mercado. Sólo 30% de los títulos son muy
populares. Además, no desean abaratar los costos para no perder el canal. El
Fondo de Cultura Económica, por ejemplo, puso en venta sólo 300 de sus 9000
títulos en 2010.
Los lectores mexicanos son apenas un
porcentaje reducido de la población y si a ello se suma que la cultura
electrónica no es generalizada, debido principalmente a las grandes brechas
económicas y educativas, el panorama no parece muy atractivo para los
productores.
De acuerdo con datos de la Cámara
del Libro Argentina, en éste país sólo 5% de los libros editados en 2009 tuvo
un soporte distinto del papel y, a su vez, apenas 12.6% de esa mínima porción
fueron libros digitales
Por otro lado, con la introducción
de nuevos dispositivos, como el iPad o aquellos con tecnología LCD, que imita
la textura del papel, el mercado comienza a mostrar apertura en Argentina.
El libro electrónico es una revolución cuyo desarrollo estamos
viviendo intensamente en los últimos años. Los contenidos actualmente tienden a
ser mucho más accesibles al público de lo que antes lo fueron y el conocimiento
se expande de manera vertiginosa gracias a las tecnologías de información. Los
problemas sociales que esto genera se basan en la libre distribución y el
respeto a los derechos autorales.
En cuento al mercado electrónico de
libros en español, podemos ver que al igual que en el impreso, España se
encuentra a la cabeza de su desarrollo y Latinoamérica responde de manera
incipiente al mismo, por lo que las oportunidades y retos para lograrlo son muy
amplias.
La promoción a la lectura y la
cultura electrónica es básica para lograr que el libro electrónico tenga
oportunidades, por lo que las editoriales y todos los sujetos interesados en el
tema deben contribuir y trabajar de forma coordinada para lograrlo. Las oportunidades
de comercialización de libros electrónicos son muchas si trabaja directamente
con instituciones educativas, institutos de investigación y librerías.
Fuentes consultadas:

